Aclaración:esto es solo un avance, espero terminarlo esta semana...
--- Amor de Buenos Aires---
La conocí en pleno microcentro de la ciudad de Buenos Aires, pudo haber sido en cualquier otro
lugar, pero el capricho del destino nos hizo coincidir en plena vorágine de ciudad.
La gente volaba vertiginosamente en una desesperada lucha contra el minutero, todo era ruido, caos, confusión pero hasta en este gran hormiguero uno puede hallar lo que se llama felicidad.
Puede resultar irónico , cruel el contraste que hay en el hormiguero donde los vendedores ambulantes se cruzan con cadetes apurados, donde altos ejecutivos discuten asuntos suntuosos, donde mozos desesperados se abren paso entre la eterna multitud que inunda las calles de buenos aires.
Yo me hallaba trabajando de cadete en una empresa pequeña, realmente no tenía grandes aspiraciones con respecto a mi trabajo ni mucho menos, sino que lo tome por el hecho de llenar un poco esa agenda , esas horas vacías pero a la vez tan llenas.
No buscaba un amor sino que este me encontró y yo lo tome sin ningún reproche.
Ella trabajaba de moza en un local muy próximo a la oficina donde se situaba mi empleo, eso seguramente allano el camino pero de ninguna manera tuvo un rol primordial en mi ¿casual? encuentro con el amor.
La primera vez que la vi yo venia cansado de un encargo en donde abundaban las caras largas y el desdén, no elegí el lugar sino que simplemente me deje llevar por esa necesidad imperiosa de detenerme donde sea para despejar un poco mi mente y poder vislumbrar un poco de esa luz que tanto anhelaba.
Casualidad o causalidad , a esa altura ya no importaba, pude ver la luz que tanto rogaban mis ojos.
Me senté en una pequeña mesa de madera,la silla tenía un estilo peculiar, de esas que dan ganas de descansar sobre ellas.
Pedí una hamburguesa con papas como de costumbre y me dispuse a esperar, hasta ese momento no había prestado gran atención a la piba que me atendía tan cordialmente.
Disfrute de la comida y de su grata compañía como si el tiempo estuviera detenido y no hubiera cosa mas importante que un pequeño placer mundano, en donde el regocijo era mutuo.
Lamentablemente todo tiene un fin , lo mismo sucedió con mi almuerzo. Nos despedimos fugazmente como avergonzados de tanta pasión repentina, nuestros ojos brillaban de deseo, pero este debía postergarse.
Seguí con mi tediosa rutina y deambule durante largas horas por las calles, terminé infinitos tramites y llegue a la oficina con la satisfacción que te da el fin de día laboral.
Camine hacia el subte perseguido por la imagen de la chica, cada mujer que veía pasar era ella , cada labio eran sus labios, cada mirada era su mirada.
El viaje fue un suplicio, mis ojos desesperados la buscaban minuciosamente en cada rincón de cada vagón, aunque sabia que estaba ausente yo la sentía presente , su aroma flotaba en el aire y de eso y de mi locura jamás dudaría.
Pasaron semanas y no volví a verla, quizá porque no la buscaba de manera conciente, quizás estaba resignado a amarla en silencio y soledad.
Un martes cualquiera tuve que ir a hacer un trabajo en puerto madero, ya desde temprano su aroma estaba presente en la ciudad y tenía una leve sospecha de que ese martes iba a ser uno mas para la gran masa de gente excepto para mi.
Ilusionado llegue al edificio y me senté sabiendo que la espera iba a ser larga y cruel. Afortunadamente la cola de gente fue disminuyendo vertiginosamente y en menos de media hora ya había terminado mis obligaciones , espere el ascensor aliviado, la puerta se abrió y la vi.
Un aura la rodeaba , la magia estaba presente en ese pequeño ascensor, el fulgor de nuestros ojos lo decía todo.
Las palabras sobraban, nos besamos y nos amamos durante los 10 pisos que restaban, las caricias eran un bálsamo , los besos un alivio, nos desnudamos con nuestras miradas y fuimos uno mientras duro.
--- Amor de Buenos Aires---
La conocí en pleno microcentro de la ciudad de Buenos Aires, pudo haber sido en cualquier otro
lugar, pero el capricho del destino nos hizo coincidir en plena vorágine de ciudad.
La gente volaba vertiginosamente en una desesperada lucha contra el minutero, todo era ruido, caos, confusión pero hasta en este gran hormiguero uno puede hallar lo que se llama felicidad.
Puede resultar irónico , cruel el contraste que hay en el hormiguero donde los vendedores ambulantes se cruzan con cadetes apurados, donde altos ejecutivos discuten asuntos suntuosos, donde mozos desesperados se abren paso entre la eterna multitud que inunda las calles de buenos aires.
Yo me hallaba trabajando de cadete en una empresa pequeña, realmente no tenía grandes aspiraciones con respecto a mi trabajo ni mucho menos, sino que lo tome por el hecho de llenar un poco esa agenda , esas horas vacías pero a la vez tan llenas.
No buscaba un amor sino que este me encontró y yo lo tome sin ningún reproche.
Ella trabajaba de moza en un local muy próximo a la oficina donde se situaba mi empleo, eso seguramente allano el camino pero de ninguna manera tuvo un rol primordial en mi ¿casual? encuentro con el amor.
La primera vez que la vi yo venia cansado de un encargo en donde abundaban las caras largas y el desdén, no elegí el lugar sino que simplemente me deje llevar por esa necesidad imperiosa de detenerme donde sea para despejar un poco mi mente y poder vislumbrar un poco de esa luz que tanto anhelaba.
Casualidad o causalidad , a esa altura ya no importaba, pude ver la luz que tanto rogaban mis ojos.
Me senté en una pequeña mesa de madera,la silla tenía un estilo peculiar, de esas que dan ganas de descansar sobre ellas.
Pedí una hamburguesa con papas como de costumbre y me dispuse a esperar, hasta ese momento no había prestado gran atención a la piba que me atendía tan cordialmente.
Disfrute de la comida y de su grata compañía como si el tiempo estuviera detenido y no hubiera cosa mas importante que un pequeño placer mundano, en donde el regocijo era mutuo.
Lamentablemente todo tiene un fin , lo mismo sucedió con mi almuerzo. Nos despedimos fugazmente como avergonzados de tanta pasión repentina, nuestros ojos brillaban de deseo, pero este debía postergarse.
Seguí con mi tediosa rutina y deambule durante largas horas por las calles, terminé infinitos tramites y llegue a la oficina con la satisfacción que te da el fin de día laboral.
Camine hacia el subte perseguido por la imagen de la chica, cada mujer que veía pasar era ella , cada labio eran sus labios, cada mirada era su mirada.
El viaje fue un suplicio, mis ojos desesperados la buscaban minuciosamente en cada rincón de cada vagón, aunque sabia que estaba ausente yo la sentía presente , su aroma flotaba en el aire y de eso y de mi locura jamás dudaría.
Pasaron semanas y no volví a verla, quizá porque no la buscaba de manera conciente, quizás estaba resignado a amarla en silencio y soledad.
Un martes cualquiera tuve que ir a hacer un trabajo en puerto madero, ya desde temprano su aroma estaba presente en la ciudad y tenía una leve sospecha de que ese martes iba a ser uno mas para la gran masa de gente excepto para mi.
Ilusionado llegue al edificio y me senté sabiendo que la espera iba a ser larga y cruel. Afortunadamente la cola de gente fue disminuyendo vertiginosamente y en menos de media hora ya había terminado mis obligaciones , espere el ascensor aliviado, la puerta se abrió y la vi.
Un aura la rodeaba , la magia estaba presente en ese pequeño ascensor, el fulgor de nuestros ojos lo decía todo.
Las palabras sobraban, nos besamos y nos amamos durante los 10 pisos que restaban, las caricias eran un bálsamo , los besos un alivio, nos desnudamos con nuestras miradas y fuimos uno mientras duro.
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